Comprar un inmueble es, para muchas personas, la operación económica más importante de su vida. Por eso resulta paradójico que a menudo se decida con rapidez: una visita, una conversación persuasiva, una frase de urgencia y, de pronto, una transferencia. La mayor parte de los problemas posteriores no ocurre por mala suerte. Ocurre porque no se verificó algo que era verificable.
Este artículo propone siete señales que justifican detenerse y comprobar, y para cada una indica qué verificar. No pretende alarmar: la gran mayoría de las operaciones se realiza con normalidad. Pretende dar un criterio para distinguir una oportunidad de una imprudencia.
Señal 1: se pide dinero antes de mostrar documentos
Si el vendedor o el intermediario solicita una separación o un adelanto antes de entregar la información legal del inmueble, conviene pausar.
Qué verificar. Solicitar primero la partida registral y los datos de quien aparece como titular. Una operación seria no teme que se revisen los documentos antes de pagar.
Señal 2: el titular y el vendedor no coinciden
Quien vende debe ser el propietario inscrito, o contar con un poder suficiente y vigente que lo autorice.
Qué verificar. Comparar el nombre en la partida registral con el documento de identidad de quien vende. Si actúa un representante, pedir el poder y comprobar que incluya la facultad de vender y que esté vigente. Un poder antiguo o genérico merece revisión.




